Iratí, La Selva de Iratí, es uno de esos lugares en los que no importaría perderse, y al terminar el día, cuando regresas, piensas… ¿ por que no me perdí, por lo menos unos días o unas horas para poder disfrutar de sus silencios, de sus luces escondidas entre los árboles, y sobre todo de sus colores?.

El mejor momento para hacerlo, seria la temporada en la que las hojas de sus árboles, son de un color rojizo salpicado de amarillo, con un toque del siempre presente verde. Es difícil de expresar con palabras lo que los ojos ven. Allí en la Selva todo es melancolía. Es otoño.

El otoño en La Selva de Iratí, es a la vez que en el resto del valle, pero se ve de una forma diferente. Su encanto, hace que nadie quiera salir de este mundo de color.



Ya llevaba un buen rato con los ojos cerrados. Me relajaba después del tiempo que había pasado mirando las nubes por aquella ventanilla redonda. Nubes que parecían de algodón y formaban un lecho propicio para el descanso de tan largo viaje.

Las imágenes brotaban de mi imaginación. Estampas que contrastaban el fondo negro del suelo, con las edificaciones siempre blancas,  y en todo lo alto,  el cielo de un azul tan intenso, que dañaba la retina con la luz del sol.

Todavía, el eco del viento resonaba en mis oídos. Era un sonido especial, silbante pero sin llegar a molestar. A veces refrescante, no desagradable.

Las redondas piedrecitas de origen volcánico, abundaban por todos lados. Al tacto, daban la  sensación de quemar, que abrasaban.

Tampoco  se me olvida el sabor de las comidas, tan especiadas, tan diferentes pero al mismo tiempo tan agradables al paladar. 

Y lo que  más me  impactaba, era el olor tan característico. En todos los sitios  olía a sal.  En otros lugares que he visitado, donde el mar también estaba presente, no me había resultado tan  patente esa sensación.

Iba volviendo a la consciencia, cuando las voces de las azafatas anunciando  el término del vuelo, me hicieron despertar por  completo.  Repetían en distintos idiomas que la llegada era inminente, que pondríamos los asientos verticales y abrochásemos los cinturones de seguridad.

Mi mirada se fue al monitor en el que durante el viaje, habían mostrado publicidad de la isla, y leí una  frase, que resumía todo mi sueño viajero, Lanzarote, con los 5 sentidos...
 

El agua que tocamos
en los ríos, es como la
última vivencia que
se fue, y la primera de
las que nos han de
llegar. Lo que
vivimos en el dia de hoy....


- Hola, soy Juan Carlos, responsable de esta exposición, y tu quien eres…..?
- Yo soy Rinconcitos, como tú me llamas, y agradecería  el como y el porque, se te ocurrió fotografiarme ahora, cuando creo que no estoy en mi mejor momento. Pero dime…
- Bueno, la idea no surgió por nada especial, sino por que no había visto nunca una serie de fotos de este tipo, por la noche y enfocando a lo menos conocido.
- Bien... Me gusta la idea, pero hace unos años, estaba mucho más hermoso sin esos desconchones de las paredes. Antes, todas las casas estaban habitadas, las calles resplandecían limpias y ahora… ya ves. Pero con esto has querido hacer una critica?
- No no, ni mucho menos, es simplemente una visión mía…
- Pero tú no naciste aquí, conozco a toda mi gente, no has venido mucho por mis calles...
- Si, tienes razón,  pero de oídas si que te conozco, Y no me importaría que me contases, que me dijeras, que me hicieras un repaso de las imágenes de la exposición, si? Gracias.
- Bueno, allí abajo donde has dejado el coche, era una de las entradas a la ciudad. Había que subir por esas angostas cuestas donde estaban las puertas. Fíjate que inteligentes eran mis pobladores, unos sitios fáciles de defender. Después, una vez arriba, las calles eran estrechas, y las que has mostrado aquí, eran las calles principales, las mejores. Imagínatelas iluminadas con sus faroles, al principio de aceite, luego de gas, y por ultimo eléctricas, que es como las conoces ahora.
Mira la cuesta de la catedral, una de las calles mejores, tenia las casas más grandes, con sus blasones en las fachadas y que conducían al templo más importante del norte de España, la catedral de Calahorra.
También has mostrado plazas, y espacios abiertos, donde se organizaban mercados de diferentes productos.
La judería, barrios que solo eran habitados por personas del mismo gremio. La Calle de los Sastres, es un ejemplo que has puesto de esto que te digo y por cierto es bonita esta imagen, pero era mas bella hace unos años.
- Lo se, pero ahora es cuando se ha realizado el trabajo…
- Si, pero permíteme continuar, déjame explicarte mas, de cómo era esto, de cómo eran la vida y las calles.
Del Planillo de San Francisco, que también se llamaba así, no solo el de San Andrés, partían una serie de calles, que eran y son un autentico laberinto. Ya te he visto que dudabas por donde ir, pero has encontrado lo que querías plasmar, la calle Cabezo, con sus diferentes salidas, y sobre todo esa vista a la iglesia de San Andrés.
Las Murallas, ahora no se ven, pero si preguntas a los mayores, verás como te dicen que sus abuelos, o los abuelos de sus abuelos, conocieron las murallas que defendieron la ciudad.
- Si, lo he preguntado, y sobre todo las vistas que tienen…
- Y Bellavista? Tiene bonito hasta el nombre, y bien puesto, pues la vista es bella, se ve todo el valle del Ebro, los pueblos de la ribera Navarra, Lodosa, Sartaguda, San Adrián, Azagra… una preciosidad.
- Si muy bonito.
- Pero te repito, como has dicho que te llamas?.. Que has llegado tarde, y que además tengo muchos mas Rinconcitos que los que has visto y has mostrado…
- Si de esto no tengo ninguna duda. Se que me he quedado corto, que tienes mas encantos de los que he colgado, lo siento pero…

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